La Abeja de Miel Salvaje por Ralph Haering

Relación Simbiotica

Todos nosotros somos parte de una creación simbiótica[1], a pesar que muchos eruditos piensan que no tenemos propósito o ni tan siquiera destino; a nuestro alrededor, la naturaleza los hace quedar mal. Empezando con el átomo, el cual está compuesto de electrones viajando a velocidades supersónicas de manera simbiótica con el neutrón, al más pequeño ser viviente, la célula, quien trabaja sin ningún líder aparente, dirigida con una función específica, las cuales como resultado colocan unánimemente toda la masa que podemos ver. Como la lanolina, una estructura molecular que forma la pega perfecta que mantiene todo unido en nuestro cuerpo, la cual, al mismo tiempo, nos permite ver, sentir y oler nuestra querida piel, el órgano más complejo y grande de nuestro cuerpo.

Al mismo tiempo, podemos observar este patrón en una de las criaturas más importantes en la supervivencia de nuestro mundo, las abejas, que con su sentido bien afinado de comunidad, ellas no solo toman cuidado de su colmena, pero mantienen la naturaleza viva. Una abeja sola puede morir en horas, una colmena sin reina puede morir en días. En el libro, La vida de las Abejas[2], del autor Maurice Maeterlinck[3], el escribió: “Si las abejas desaparecen de la faz de la tierra, el hombre le quedaría solo cuatro años de vida.”, haya sido Albert Einstein o Maurice Maeterlinck quien hizo esta analogía, la realidad de estas palabras se ha convertido en la peor pesadilla para grandes gobiernos como Brasil, China y los Estados Unidos, los cuales tienen que comprar e importar abejas de otros países para poder polinizar sus productos agrícolas. China por su parte, comenzó un programa para polinizar a mano. Comparado con las abejas, estamos haciendo un trabajo horrible.

Entonces, estamos nosotros, confundidos tratando de encontrar nuestro propósito en la vida. Pero el mayor error que han cometido las voces de mejoramiento personal alrededor del mundo es tratar de hacernos encontrar un propósito singular; la mayoría de los científicos se han dado por vencido a la falsa esperanza que nosotros somos simplemente un accidente sin propósito, y que nuestro destino termina cuando nuestra galaxia, La Vía Láctea, choque con la galaxia vecina, Andromeda… eso es todo.

Es por esto que no nos debe sorprender tanta destrucción, depresión y guerras. Cada uno de nosotros tratando nuestra propia manera… pero si entendiéramos que nosotros somo uno y uno en todos, dependiendo los unos de los otros, como Dios a través de todos sus mensajeros ha establecido por muchos siglos, y muchas voces: “Amémonos los unos a los otros”, “Haz a los demás como esperas que ellos hagan contigo”, encontraríamos nuestro propósito y valor eterno en una perfecta y armoniosa relación simbiótica, no solo en una Mente Maestra Universal con nuestro Creador, sino también con cada uno de nuestros vecinos. Siguiendo el ejemplo de aquellos quienes luchan por mantener las cosas a nuestro alrededor funcionando: las abejas, las moléculas, los átomos… y Dios.

Como una amiga publicó recientemente… UBUNTU*, “Yo soy, porque nosotros somos”.

[1] Simbiosis
[2] La Vida de las Abejas por Maurice Maeterlinck
[3] Maurice Maeterlinck